El Ejército Nacional de Colombia desplegó una operación militar de envergadura en el municipio de Puebloviejo, en el departamento del Magdalena, con el objetivo de recuperar el control territorial frente al avance de organizaciones ilegales que han sometido a la población civil a un clima de miedo, extorsión y violencia. El plan incluye la instalación de una base militar permanente en el municipio y el patrullaje constante de la Troncal del Caribe, una arteria vial estratégica para la economía regional que se había convertido en escenario de robos y amenazas sistemáticas.
La llegada de los uniformados fue recibida con alivio visible por parte de los habitantes, quienes celebraron su presencia en calles y vías. La crisis de seguridad no solo afecta a los residentes urbanos: comunidades de pescadores como Tasajera, ubicada a orillas de la Ciénaga Grande de Santa Marta, también han sido blanco de amenazas que les impiden ejercer su actividad de subsistencia con normalidad.
Contexto y antecedentes
El Caribe colombiano lleva meses registrando un deterioro progresivo de la seguridad pública, impulsado por la disputa territorial entre grupos armados ilegales que buscan consolidar corredores de movilidad, rutas de tráfico y fuentes de extorsión. La Troncal del Caribe, que conecta ciudades y municipios costeros desde La Guajira hasta Córdoba, ha sido históricamente codiciada por estos actores precisamente por su valor logístico y el flujo constante de personas y mercancías.
En municipios vecinos como Soledad, el fenómeno de la extorsión ya ha cobrado vidas: la banda conocida como ‘Los Costeños’ ha sido señalada por las autoridades como responsable de amenazas y asesinatos dirigidos contra motocarristas, al punto de paralizar ese sector del transporte informal por el miedo generalizado. La expansión de estas estructuras hacia zonas rurales y costeras como Puebloviejo evidencia que se trata de una estrategia de crecimiento territorial deliberada y no de hechos aislados.
Puebloviejo, por su parte, es un municipio que combina actividad pesquera artesanal con paso de tráfico terrestre, lo que lo convierte en un punto de interés tanto para la economía local como para los grupos que buscan imponer economías criminales. La Ciénaga Grande de Santa Marta, reconocida como reserva de la biósfera por la UNESCO, alberga poblaciones vulnerables que dependen casi exclusivamente de la pesca y que carecen de alternativas económicas ante las presiones violentas.
Los puntos clave
- El Ejército instalará una base militar permanente en Puebloviejo para garantizar presencia institucional sostenida en el territorio.
- Los militares patrullarán tanto las calles del municipio como la Troncal del Caribe, con el fin de disuadir robos, extorsiones y el accionar de grupos ilegales.
- Los pescadores de comunidades como Tasajera estaban siendo amenazados, lo que comprometía su fuente de sustento y la seguridad alimentaria local.
- El despliegue se enmarca en un plan más amplio del Gobierno para frenar el avance territorial de organizaciones criminales en el Caribe colombiano.
- En la cercana Soledad, la banda ‘Los Costeños’ ya ha paralizado el gremio de motocarristas mediante asesinatos y extorsiones, lo que ilustra la escala del problema regional.
¿Qué significa esto?
La instalación de una base militar en Puebloviejo representa una apuesta por la presencia física del Estado en zonas que los grupos armados habían comenzado a tratar como territorios propios. Sin embargo, la experiencia colombiana enseña que el despliegue militar, siendo necesario, no es suficiente por sí solo: cuando las tropas se retiran o reducen su presencia, los grupos ilegales frecuentemente retornan. El verdadero indicador de éxito no será la semana siguiente al operativo, sino si en seis meses los pescadores de Tasajera pueden salir a trabajar sin miedo y los transportadores de la Troncal circulan sin pagar extorsiones.
El impacto inmediato es significativo para la población civil, que ve en la acción del Ejército una señal de que el Estado los reconoce y actúa. Pero el costo humano acumulado ya es elevado: comunidades paralizadas, economías informales ahogadas por la extorsión y un tejido social dañado por la desconfianza. La recuperación de esa normalidad requiere no solo seguridad militar, sino inversión en desarrollo, justicia y fortalecimiento institucional civil.
Perspectiva para América Latina
La situación de Puebloviejo no es una anomalía colombiana: es un espejo de dinámicas que se repiten en múltiples países de América Latina donde el Estado disputa con grupos armados no estatales el control de territorios estratégicos, especialmente corredores viales y zonas de recursos naturales. Desde el norte de Honduras hasta el sur de México, pasando por regiones del Ecuador que hace poco eran consideradas seguras, la militarización de zonas civiles se ha convertido en una respuesta frecuente ante el avance del crimen organizado. La pregunta que la región entera sigue sin responder de forma satisfactoria es cómo transformar esa presencia militar en paz duradera.
Para los analistas latinoamericanos, el caso del Caribe colombiano también ofrece una advertencia sobre la vulnerabilidad de las economías de subsistencia —pesca artesanal, transporte informal— frente a la extorsión organizada. Estas poblaciones, invisibles en muchos debates de política pública, suelen ser las primeras en ser victimizadas y las últimas en recibir atención sostenida del Estado.
En las próximas semanas será determinante observar si el despliegue militar en Puebloviejo logra sostenerse en el tiempo, si se extiende a otras comunidades vulnerables de la Ciénaga Grande y si va acompañado de acciones judiciales efectivas contra los cabecillas de las estructuras criminales activas en la región. La respuesta del Gobierno a estas variables definirá si se trata de un operativo puntual o del inicio de una estrategia de seguridad con vocación de permanencia.



