Una nueva ola de lluvias intensas azotó al departamento de Santander, en el nororiente de Colombia, dejando un panorama crítico que incluye vías bloqueadas, cultivos destruidos y comunidades enteras en estado de alerta máxima. El caso más grave se registró en el municipio de Tona, donde varias familias quedaron damnificadas tras fuertes inundaciones que superaron la capacidad de respuesta local.
La emergencia también golpeó la infraestructura vial de la región: la vía Los Curos-Málaga, una arteria fundamental para la comunicación entre municipios del norte santandereano, tuvo que ser cerrada al tránsito debido a deslizamientos de tierra, caída de rocas y el desbordamiento de la quebrada El Canelo. Se trata de uno de los cierres viales más severos registrados en la zona en los últimos meses, con consecuencias directas para el transporte de alimentos, insumos agrícolas y el acceso de los habitantes a servicios básicos.
Contexto y antecedentes
Santander es uno de los departamentos colombianos históricamente más vulnerables a las emergencias invernales. Su topografía montañosa, con pendientes pronunciadas y suelos arcillosos, lo convierte en territorio propicio para deslizamientos cuando las lluvias superan los promedios habituales. Esta condición estructural se agrava año tras año por la deforestación en zonas de ladera y la ausencia de obras de contención en corredores viales críticos.
El fenómeno responde a la temporada de lluvias que afecta al país durante los meses de mayo, junio y julio, asociada en parte a las variaciones de La Niña y a los patrones climáticos propios de la región andina. En años anteriores, eventos similares han dejado decenas de familias sin hogar, pérdida masiva de cosechas de cacao, café y hortalizas, y la interrupción prolongada de corredores estratégicos como la vía Bucaramanga-Cúcuta o los accesos a la provincia de García Rovira, zona a la que pertenece Málaga.
Las autoridades departamentales y los organismos de socorro como la Defensa Civil y los Cuerpos de Bomberos llevan semanas respondiendo a alertas en diferentes municipios, pero la infraestructura de atención humanitaria sigue siendo insuficiente frente a la magnitud y frecuencia de estos eventos. La vía Los Curos-Málaga ya había presentado afectaciones en temporadas invernales previas, sin que se hayan concretado las obras de estabilización prometidas por las autoridades de infraestructura.
Los puntos clave
- Vía Los Curos-Málaga cerrada: Los deslizamientos, la caída de rocas y el desbordamiento de la quebrada El Canelo obligaron al cierre total de esta vía, bloqueando el acceso a varios municipios del norte de Santander.
- Familias damnificadas en Tona: Las inundaciones en este municipio afectaron directamente a varias familias, que perdieron enseres, viviendas y medios de subsistencia.
- Cultivos destruidos: La emergencia causó daños significativos en zonas agrícolas de la región, comprometiendo la seguridad alimentaria local y los ingresos de campesinos.
- Comunidades en alerta máxima: Múltiples localidades permanecen bajo vigilancia ante la posibilidad de nuevos deslizamientos mientras continúan las precipitaciones.
- Infraestructura vial vulnerable: El cierre de la vía evidencia la falta de obras de mitigación en corredores clave para la conectividad del oriente colombiano.
¿Qué significa esto?
Más allá de los daños inmediatos, esta emergencia pone en evidencia una crisis estructural que Colombia no logra resolver: la gestión del riesgo de desastres sigue siendo reactiva en lugar de preventiva. Cada temporada invernal trae consigo los mismos titulares —vías cerradas, familias damnificadas, cultivos perdidos— mientras las inversiones en infraestructura de contención, sistemas de alerta temprana y reforestación de cuencas hidrográficas avanzan a un ritmo insuficiente. Los municipios más afectados son, en su mayoría, los de mayor vulnerabilidad socioeconómica, donde los habitantes tienen menos capacidad de recuperarse por sus propios medios.
Para los agricultores de Santander, los daños en los cultivos no son solo una pérdida económica puntual: pueden significar el fin de una temporada entera de trabajo, el endeudamiento con proveedores de insumos y, en casos extremos, el desplazamiento hacia centros urbanos. El bloqueo de la vía Los Curos-Málaga, por su parte, eleva los costos de transporte de lo que queda de la producción agrícola y aísla a comunidades que dependen de esa carretera para acceder a hospitales, mercados y servicios del Estado.
Perspectiva para América Latina
Lo que ocurre en Santander no es un fenómeno aislado: es un espejo de lo que viven decenas de regiones en toda América Latina. Países como Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela enfrentan cada año emergencias invernales de magnitud comparable, en territorios igualmente frágiles y con sistemas de respuesta igualmente limitados. La paradoja es que las zonas más castigadas por el cambio climático suelen ser aquellas que menos recursos tienen para adaptarse. Mientras las cumbres internacionales discuten compromisos climáticos globales, comunidades campesinas en los Andes pierden sus cosechas, sus casas y, en los peores casos, sus vidas.
Para la región latinoamericana, estos eventos recurrentes subrayan la urgencia de políticas públicas que integren la gestión del riesgo de desastres en la planificación territorial, con énfasis en las zonas rurales de montaña. La cooperación regional en materia de monitoreo climático y respuesta humanitaria sigue siendo una asignatura pendiente que cada temporada de lluvias vuelve a poner sobre la mesa.
Las autoridades de Santander trabajan en la habilitación de rutas alternas y en la atención a las familias damnificadas, pero los próximos días serán determinantes: los pronósticos meteorológicos anticipan que las lluvias continuarán en la región, lo que eleva el riesgo de nuevos deslizamientos. Hay que seguir de cerca el estado de la vía Los Curos-Málaga, la evolución de las alertas en municipios como Tona y la respuesta institucional ante una emergencia que, lamentablemente, amenaza con prolongarse.



