A cuatro metros bajo la explanada de Notre Dame de París, un equipo de arqueólogos está reescribiendo la historia de una de las ciudades más antiguas de Europa. Lo que comenzó como una obra de reurbanización para hacer la plaza más verde y fresca de cara a 2028 se ha convertido en uno de los hallazgos arqueológicos urbanos más significativos de los últimos años: un viaje estratificado de casi dos milenios, desde el París medieval hasta la antigua ciudad romana de Lutecia.
Algunos días, el equipo recupera hasta 15 cajas de objetos en una sola jornada de trabajo. Cerámicas completas, una moneda del siglo IV con el rostro del emperador Constantino, fragmentos con inscripciones aún sin descifrar y estructuras superpuestas que abarcan épocas merovingias, carolingias y romanas emergen a apenas 50 centímetros bajo el suelo que cada día pisan miles de turistas. La excavación, en palabras de la conservadora Lucie Altenburg, representa ‘una oportunidad excepcional para cambiar de forma tangible la historia de París’.
Contexto y antecedentes
Notre Dame de París no es solo una catedral gótica: es el epicentro simbólico e histórico de Francia. Construida sobre la isla de la Cité a partir del siglo XII, la catedral fue devastada por un incendio el 15 de abril de 2019, en una tragedia que conmocionó al mundo entero y desató un debate global sobre el patrimonio cultural. Tras cinco años de una restauración meticulosa y costosa —financiada en parte por donaciones internacionales que superaron los 800 millones de euros—, Notre Dame reabrió sus puertas a finales de 2024, convertida nuevamente en símbolo de resiliencia cultural.
La decisión de remodelar la plaza exterior respondió tanto a criterios estéticos como climáticos. París, como muchas capitales europeas, enfrenta veranos cada vez más calurosos por el cambio climático, y el proyecto contempla plantar unos 160 árboles e instalar sistemas de refrigeración para mitigar el efecto de isla de calor urbana. Sin embargo, en una ciudad donde cada obra de infraestructura puede toparse con siglos de historia enterrada, la ley francesa exige una evaluación arqueológica exhaustiva antes de iniciar cualquier intervención en el subsuelo.
Fue precisamente esa obligación legal la que abrió esta ventana al pasado. El Institut National de Recherches Archéologiques Préventives (INRAP) y la unidad de arqueología de París coordinan los trabajos, que han revelado una secuencia histórica de una densidad extraordinaria incluso para los estándares de una ciudad tan antigua como la capital francesa.
Los puntos clave
- Los arqueólogos excavan hasta cuatro metros de profundidad bajo la explanada de Notre Dame, encontrando vestigios a partir de los 50 centímetros de la superficie, lo que evidencia la extraordinaria densidad histórica del subsuelo parisino.
- Entre los hallazgos más destacados figura una moneda del siglo IV con la efigie del emperador romano Constantino, un objeto que permite datar con precisión los estratos en los que fue encontrada.
- Se han recuperado cerámicas intactas de época romana, un hallazgo infrecuente que los expertos atribuyen a las propiedades conservadoras de los rellenos blandos del subsuelo en esa zona.
- La excavación ha revelado una secuencia de ocupación continua que abarca la época romana (Lutecia), los períodos merovingio y carolingio, y la era medieval, confirmando que este enclave fue habitado de forma ininterrumpida durante casi dos milenios.
- El proyecto de remodelación de la plaza, que incluye 160 árboles y sistemas de refrigeración, tiene como objetivo estar prácticamente terminado en 2028, aunque los arqueólogos esperan continuar excavando por debajo de los estratos romanos en busca de huellas galas.
¿Qué significa esto?
Más allá del valor intrínseco de los objetos hallados, esta excavación tiene una dimensión metodológica y simbólica de primer orden. La superposición de culturas detectada bajo Notre Dame —romana, merovingia, carolingia, medieval— es una prueba material de que París no surgió de la nada en la Edad Media, sino que fue el resultado de una acumulación progresiva de civilizaciones. Cada estrato es, en términos arqueológicos, una página de un libro que hasta ahora solo podíamos leer parcialmente. Los fragmentos de cerámica con marcas rojizas aún sin descifrar añaden un componente de misterio que podría, una vez analizados, aportar datos inéditos sobre las prácticas comerciales, religiosas o cotidianas de los habitantes de Lutecia.
El impacto práctico también es considerable. Los datos obtenidos en esta excavación alimentarán museos, bases de datos académicas y, muy probablemente, una nueva narrativa turística para uno de los destinos más visitados del planeta. París recibe cada año entre 30 y 40 millones de visitantes, muchos de los cuales peregrinan a Notre Dame. La posibilidad de que parte del yacimiento quede visible o accesible al público —algo que aún no está confirmado, pero que ya se baraja en algunos foros especializados— podría transformar radicalmente la experiencia de visita a la catedral.
Perspectiva para América Latina
Para la audiencia latinoamericana, este hallazgo tiene resonancias particulares. América Latina es una región donde la arqueología urbana enfrenta tensiones similares entre el desarrollo moderno y la preservación del patrimonio: desde los restos prehispánicos que afloran en el metro de Ciudad de México hasta los vestigios coloniales e indígenas que aparecen en obras de infraestructura en Bogotá, Lima o Buenos Aires. El modelo francés —que obliga legalmente a realizar evaluaciones arqueológicas previas a cualquier obra— es un referente que muchos especialistas latinoamericanos citan como ejemplo de buenas prácticas institucionales. La excavación de Notre Dame refuerza el argumento de que invertir en arqueología preventiva no frena el desarrollo urbano, sino que lo enriquece.
Además, el hecho de que una catedral católica —institución con enorme presencia cultural en toda Iberoamérica— sea el escenario de este descubrimiento conecta emocionalmente con millones de personas en la región. Notre Dame es patrimonio de la humanidad en el sentido más literal: su reconstrucción fue seguida con atención en todo el mundo hispanohablante, y sus nuevos secretos subterráneos no harán sino profundizar ese vínculo afectivo e intelectual.
Los trabajos de excavación continuarán en los próximos meses, con la vista puesta en alcanzar los estratos más profundos donde podrían encontrarse evidencias de los pueblos galos que habitaron la isla de la Cité antes de la llegada de Roma. El proyecto de remodelación de la plaza avanza en paralelo, con fecha estimada de finalización en 2028. Lo que está claro es que, bajo los pies de quienes hacen cola para ver una catedral restaurada, hay otra ciudad entera esperando ser contada.



