En medio de maquinaria pesada, desvíos de tráfico y críticas ciudadanas, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, realizó un recorrido por los frentes de trabajo de la Gran Vía, la megaobra que se ejecuta sobre la carrera 51B de Barranquilla. Con un mensaje contundente, el mandatario departamental aseguró que a este proyecto ‘no le hemos negado nada’, subrayando el respaldo institucional y financiero que ha recibido desde la Gobernación.

Lo que distingue a esta obra de otras intervenciones viales en Colombia no es solo su escala física, sino su apuesta por integrar infraestructura digital al mismo tiempo que se construye la vía. La Gran Vía incluirá 40 ductos para fibra óptica, convirtiendo la carrera 51B en un corredor que no solo moverá vehículos, sino también datos, en una ciudad que aspira a posicionarse como hub tecnológico del Caribe colombiano.

Contexto y antecedentes

Barranquilla lleva décadas enfrentando uno de los problemas más persistentes de las grandes ciudades latinoamericanas: una infraestructura vial que no creció al ritmo de su expansión urbana. La carrera 51B, eje central de la Gran Vía, ha sido históricamente un corredor congestionado que conecta zonas estratégicas del área metropolitana, pero que carecía de la capacidad para soportar el volumen vehicular y las exigencias de una ciudad moderna.

El proyecto contempla no solo la ampliación y modernización del corredor vial, sino también obras hidráulicas que buscan mitigar las inundaciones recurrentes en la zona, un problema estructural que afecta a Barranquilla cada temporada de lluvias. La construcción de un deprimido vehicular y un puente son dos de las estructuras más visibles del avance actual, junto con la intervención de redes de servicios públicos que habían permanecido sin actualización por años.

Eduardo Verano, quien ha hecho de la infraestructura uno de los pilares de su gestión al frente de la Gobernación del Atlántico, ha defendido la obra en múltiples ocasiones ante las quejas de conductores y comerciantes afectados por los cierres y desvíos. La Gran Vía se enmarca en una visión más amplia de conectividad regional que incluye otros proyectos viales en el departamento.

Los puntos clave

  • La Gran Vía se desarrolla sobre la carrera 51B de Barranquilla e integra obras viales, hidráulicas y de conectividad digital en un solo proyecto.
  • El corredor incluirá 40 ductos para fibra óptica, lo que lo convierte en infraestructura estratégica para la expansión de internet de alta velocidad en la ciudad.
  • Los trabajos actuales se concentran en redes de servicios públicos, pavimentación y la construcción de un puente vehicular y un deprimido.
  • El gobernador Eduardo Verano respaldó públicamente el avance de la obra durante un recorrido por los frentes de trabajo, rechazando críticas sobre retrasos o falta de apoyo institucional.
  • La obra ha generado cierres viales significativos que afectan la movilidad en el área metropolitana, aunque las autoridades han habilitado rutas alternas y sistemas de desvío.

¿Qué significa esto?

Más allá del concreto y el asfalto, la Gran Vía representa un modelo de intervención urbana que empieza a ganar terreno en ciudades colombianas: la infraestructura física como vehículo para la infraestructura digital. Enterrar 40 ductos para fibra óptica mientras se construye una vía es una decisión técnica y política que puede reducir costos futuros y evitar la necesidad de romper pavimento nuevo para instalar redes. Si se aprovecha adecuadamente, este corredor podría acelerar la democratización del acceso a internet en sectores populares de Barranquilla que hoy tienen conectividad precaria.

Sin embargo, el impacto inmediato sigue siendo la disrupción. Comerciantes, conductores y residentes del entorno llevan meses conviviendo con cierres, ruido y desvíos que afectan su economía y calidad de vida. La pregunta que persiste es si la comunicación institucional ha sido suficiente para compensar esa carga y si los plazos de entrega se cumplirán, un factor crítico para que la obra no termine siendo recordada más por sus inconvenientes que por sus beneficios.

Perspectiva para América Latina

El caso de la Gran Vía de Barranquilla ilustra un desafío que comparten decenas de ciudades intermedias en América Latina: cómo modernizar infraestructuras urbanas construidas en el siglo XX para enfrentar las demandas del siglo XXI, incluyendo la conectividad digital como necesidad básica. Ciudades como Medellín, Bogotá, Lima o Guadalajara han ensayado fórmulas similares de intervención integral, con resultados mixtos que dependen en gran medida de la continuidad política y la capacidad de ejecución técnica. La integración de ductos de fibra óptica en obras viales, por ejemplo, es una práctica que países como Chile y Brasil ya aplican sistemáticamente, pero que en Colombia aún busca consolidarse como estándar.

Lo que viene

La atención estará puesta en los plazos de entrega y en la efectiva habilitación de los ductos de fibra óptica para operadores de telecomunicaciones. El éxito o fracaso de la Gran Vía como modelo de infraestructura integrada dependerá de cuántos de esos 40 ductos terminen realmente conectados y de si la obra alivia de forma tangible la movilidad en el norte de Barranquilla. Mientras tanto, la ciudad espera entre trancones y promesas.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 23 de mayo de 2026
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