A casi dos años de la captura del capo mexicano Ismael «el Mayo» Zambada, el Cartel de Sinaloa vive una de las peores crisis de su historia. La confrontación entre sus principales facciones —Los Mayos y Los Chapitos— ha generado una violencia sin precedentes en el estado noroccidental de México, con 2.829 homicidios dolosos registrados desde septiembre de 2024 hasta mayo de 2025, según datos oficiales citados por la organización International Crisis Group.
El informe publicado este martes por la ONG advierte que aunque el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha desplegado fuerzas militares para contener los enfrentamientos, la violencia no ha disminuido sino que se ha desplazado hacia zonas rurales. Paralelamente, el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos continúa sin interrupción, a pesar de los mayores decomisos realizados por las autoridades mexicanas. Este escenario representa una de las mayores crisis de seguridad que enfrenta actualmente el país.
Contexto y antecedentes
Ismael «el Mayo» Zambada, cofundador del Cartel de Sinaloa junto con Joaquín «el Chapo» Guzmán, fue capturado a finales de julio de 2024 en territorio estadounidense bajo circunstancias controvertidas. Según Zambada, fue engañado por Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo, quien lo trasladó en avión a Estados Unidos donde ambos fueron aprehendidos. Esta detención desató tensiones diplomáticas entre los gobiernos de México y Estados Unidos, con el primero exigiendo explicaciones claras sobre las circunstancias del operativo.
La captura del Mayo desencadenó una batalla sin precedentes entre las principales facciones del Cartel de Sinaloa por el control de la organización criminal más poderosa del continente. Los enfrentamientos entre Los Mayos (facción leal al capo capturado) y Los Chapitos (encabezados por los hijos del Chapo) comenzaron en septiembre de 2024 y se han extendido a otras facciones internas, creando un complejo panorama de alianzas cambiantes que involucra a al menos 20 células criminales más pequeñas en todo Sinaloa.
Puntos clave
- Desde septiembre de 2024 hasta mayo de 2025 se han registrado 2.829 homicidios dolosos en Sinaloa, con 1.656 casos solo en 2025, el año más violento para el estado en al menos una década
- La batalla interna involucra a cuatro grupos principales: Los Mayos, Los Chapitos, la facción liderada por «el Guano» (hermano del Chapo) y la de «el Chapo Isidro» (heredero de los Beltrán Leyva)
- Ambas facciones utilizan armas de fuego, vehículos blindados e incluso drones para enfrentarse en ciudades como Culiacán y Mazatlán
- El despliegue militar ha contenido enfrentamientos públicos en centros urbanos pero desplazó la violencia hacia zonas rurales sin reducir el número de homicidios
- La producción y flujo de fentanilo hacia Estados Unidos continúa sin interrupción a pesar de aumentos en arrestos y decomisos de drogas por parte de las autoridades
¿Qué significa esto?
La fragmentación del Cartel de Sinaloa representa un punto de quiebre crítico en la estructura del crimen organizado mexicano. Cuando una organización monolítica se divide en facciones enfrentadas, la violencia tiende a intensificarse porque cada bando busca afirmar su dominio territorial mediante actos de brutal crueldad. El informe de International Crisis Group identifica tres factores que explican esta escalada: la búsqueda de venganza entre rivales, la incorporación de sicarios jóvenes e inexpertos con menos inhibiciones morales, y la adopción de tácticas brutales copiadas de otros cárteles para proyectar fuerza y consolidar reputación. Esto explica por qué los homicidios en Sinaloa alcanzaron cifras récord en 2025.
La paradoja más preocupante es que la violencia interna no ha debilitado la capacidad del cartel para producir y distribuir fentanilo. Por el contrario, las facciones enfrentadas priorizan esta droga sintética por su mayor rentabilidad y facilidad de producción. Esto sugiere que la fragmentación ha creado múltiples canales de tráfico hacia Estados Unidos, haciendo más difícil que las autoridades corten el flujo de drogas. La militarización del estado también ha tenido efectos limitados: conteniendo enfrentamientos en ciudades grandes pero permitiendo que la violencia se reubique en áreas rurales donde hay menos presencia estatal.
Perspectiva para Colombia y América Latina
La crisis del Cartel de Sinaloa tiene implicaciones estratégicas para toda América Latina. En primer lugar, la demanda estadounidense de fentanilo ha convertido a México en el principal productor y distribuidor de esta droga mortal. Con el Cartel de Sinaloa fragmentado, competidores regionales —como el Cartel Jalisco Nueva Generación o grupos colombianos— podrían intentar capturar mercado, intensificando la violencia transnacional. Colombia, que ya enfrenta presiones de narcotraficantes mexicanos interesados en precursores químicos para la producción de fentanilo, podría experimentar consecuencias indirectas de esta lucha interna.
Además, la incapacidad de México para controlar la violencia del crimen organizado plantea interrogantes sobre la efectividad de la estrategia de «abrazos no balazos» del Gobierno de Sheinbaum. Para otros países latinoamericanos que enfrentan dilemas similares entre represión y negociación, el colapso del orden dentro del Cartel de Sinaloa ofrece una lección: la captura de líderes sin una estrategia integral de control territorial puede generar vacíos de poder que resulten en mayor violencia, no en menos criminalidad.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la captura del Mayo Zambada generó tanta violencia?
Cuando desaparece el líder máximo de una organización criminal, comienza una lucha de poder entre los segundos al mando. En este caso, Los Mayos buscaban mantener el legado del capo mientras Los Chapitos, con mayor capacidad militar y conexiones internacionales, intentaban tomar control total. Como ambas facciones tenían recursos, armamento y territorios, la batalla se convirtió en un enfrentamiento prolongado. Además, Zambada había mantenido un equilibrio de poder durante décadas; su ausencia rompió esa frágil paz interna.
¿Puede el Gobierno mexicano detener esta violencia?
El informe sugiere que la estrategia actual es parcialmente efectiva. El despliegue militar ha reducido enfrentamientos públicos en ciudades como Culiacán, evitando caos urbano masivo. Sin embargo, la violencia simplemente se trasladó a zonas rurales donde es más difícil de monitorear. Para detener realmente esta crisis, expertos señalan que se requeriría una estrategia que combine represión selectiva contra líderes criminales con control de precursores químicos para la producción de fentanilo y apoyo social en territorios controlados por narcos. Ninguno de estos elementos está completamente implementado actualmente.



